El siguiente artículo es sobre política. Verán que en él se defiende la participación, la discusión sobre las cuestiones públicas. Se me ocurrió que aquél que tenga un blog (al estilo de los Memes de antaño) escriba un artículo sobre la política, lo que sea, aunque sean tres líneas o cuatro palabras (ej: no me gusta ninguno) pero algo que movilice la cabeza, que haga pensar y reflexionar, que haga surgir la discusión. El que quiera hacerlo, siéntase invitado.
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Leí en la última edición del Le monde Diplomatique una cita muy interesante: “nuestra democracia es representativa y no delegativa”. Muchas veces pensamos que nuestro voto basta y sobra para seguir sosteniendo la democracia, que para eso elegimos a los políticos, para que ellos hagan el trabajo por nosotros. Pero no, hay un error de concepto.
La democracia representativa establece o requiere acción por parte de los representados. Sin la acción de ellos, el acto democrático no tiene sentido. Representar necesita una interacción constante entre representado y representante. La relación es directa y de su fluidez depende el éxito o el fracaso del sistema. Imagen el acto simple de una obra de teatro, en cuanto el actor olvida su papel, su fuente de vida, el personaje muere. Lo mismo ocurre en política.
Actualmente asistimos a un vacío de representaciones, en gran medida fomentado por la dirigencia política pero también por parte del total de la ciudadanía. La responsabilidad del fracaso es mutua. Y lo que es peor (o mejor), la responsabilidad del éxito es sólo nuestra.
Entiendo el descreimiento generalizado hacia “lo político”. Basta echar un ojo a las candidaturas actuales para darse cuenta que todo es un gran fiasco; no sabemos qué leyes impulsará cada candidato, si está o no a favor de tal o cual ley, con quién a nivel nacional trabajarán, o si serán un frente isla que solamente gritarán de vez en cuando sin construir absolutamente nada. Reitero, entiendo el descreimiento. Pero necesitamos participar, intervenir haciéndonos escuchar.
La participación es el primer paso hacia la representación; si hablamos pueden suceder dos cosas, o nos escuchan (que sería muy bueno) o se hacen los sordos (con lo que tendríamos más parámetros para no elegir a alguien). Es fundamental para la sanidad mental de nuestra democracia que hablemos de política, que hagamos política. Y lo principal, que definamos “qué es la política”. Hasta ese momento, nuestras quejas, nuestros políticos, serán lo de siempre.
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