El fin de semana fui con unos amigos a ver la obra “Me duele Una Mujer” en Galileo. Antes de comenzar a escribir este post me fijé qué habían escrito aquellos que gozan de la autoridad moral que brinda un medio tan reconocido como es La Voz del Interior.
Encontré dos notas. Una de Beatriz Molinari, reconocidísima escritora sobre espectáculos en Córdoba y otra sin firma. Sin hacer crítica de la crítica, me parece que ambas notas carecen, justamente de crítica. Es decir, no se Ustedes, pero al menos yo espero que alguien que sabe mucho de teatro me diga “esta obra es buena” o “esta es un bodrio”.
Bien, no perdamos el foco de este post. La obra: está buena. Es la historia de un pibe que está inmerso en la pérdida de una mujer a la que ama con desesperación. La puesta es el protagonista, o más bien su cabeza, su estructura psicológica (yo, ello, superyo). Las acciones son un mix bien argento: llanto, risa, pérdida, frustación. Mucho tango.
El protagonista es un profesor de filosofía. Muchos de sus textos son desvaríos asociados a determinados autores y/o pensamientos. Nietzsche, Empiristas, Aristófanes, Habermas, Epícureos, todo esto y más integrado a acciones cotidianas. Esto me pareció muy inteligente, medio denso por partes, pero muy bueno.
Con respecto a los gags (es una comedia dramática) creo que le faltan fuerza. Más de una carcajada me salió, pero de todos modos, no fueron gran cosa.
El resultado de todo eso es bueno; salí pensando que la obra me gustó. No se si por la obra misma, o por el teatro en si. Tablas, luces y alguien jugando a ser otro me producen siempre una enorme satisfacción interior.
Vayan a ver teatro.
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