Hemos llegado a tal punto que ya no importa lo que digas sino de dónde sos, qué hiciste antes, etc. Nadie quiere discutir “x”; todos quieren saber por qué “y” dice “x”, pero no para entenderlo sino para desprestigiarlo.
A nadie le interesa “x”. Es como si hubiese un descreimiento generalizado hacia lo que decimos, hacia lo que pensamos. Suponemos que todo tiene doble intenciones, suspicacias, manipulaciones, intrigas, etc.
Ejemplo “A”. El 82% movil a jubilidados, que vendría ser nuestra “x”. Todos ponen la mirada en “y”: los que lo proponen son los mismos que quitaron el 13% ¿y? ¿Acaso eso inhabilita a alguien a pensar o querer algo distinto? Ejemplo “B”: El gobierno propone una nueva ley de radiodifusión: son todos dictatoriales, que solo quieren aumentar el poder y nadie mira la ley…etc. Siempre miramos a “y” en vez de discutir “x”.
Ejemplo “C”: Este gobierno me gusta, porque estoy de acuerdo con tal cosa. ¿Vos sos loco, a estos tipos no hay que darles nada, porque “vienen por todo”.
¿Por qué no podemos asumir que pensamos distintos? Porque el verdadero problema no es la izquierda o la derecha, sino que ninguna se reconoce, ninguna propicia un espacio para discutir o acordar. Y ninguna quiere asumir que se puede pensar distinto.
Hay que relajarse; lo divertido de todo esto, es que somos distintos. Y esa diversidad es lo que nos mantiene con vida.
Como diría un amigo: “existe una alta probabilidad de que estemos todos equivocados”. Es un buen punto de partida, si a priori asumimos (o suponemos) que podemos estar equivocados miraríamos con otros ojos y escucharíamos más.


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