El silencio de este blog no fue casual, sino más bien buscado. Quería darme (y darles) un respiro. Pero acá estamos de nuevo, y con novedades.
Los que siguen este espacio, y los que me conocen, sabrán que soy un defensor acérrimo de una teoría de la elección quizás inventada por mi mismo. Creo en mi capacidad de elegir, y en la de cada uno. Creo que en cada elección la persona se hace más (o menos) hombre según esa libertad ejercida se amolde a las necesidades de cada uno. Que hay circunstancias, que hay contextos, que hay….si, si, los hay, pero en últimas (últimisimas) instancias, todo depende de nosotros.
Se nos ha dado un tiempo; bien, qué carajo hacemos con eso, es decisión nuestra, nuestra, y solo nuestra. Cómo diseñamos nuestro futuro, cómo lo pensamos, cómo elegimos ir muriendo, y por qué.
Por supuesto, no se trata de que el azar (o Dios) no intervenga. Es evidente que bajo nuestras pequeñeces cotidianas hay algo (o Alguien) que está más arriba y va acariciando cada elección o sonriendo como un padre ante la tozudez del hijo de querer subirse a la mesa cuando sabe que se va a caer.
En este mix de elección y providencia conocí a mi novia.
En “La insoportable levedad del Ser” el personaje principal, que no recuerdo el nombre, decía que su pareja eran 6 casualidades. Le decía así para quitarle responsabilidad a la pareja; si son casualidades, nadie, ni tu ni yo nos debemos el uno a otro. Bien, cualquier pareja del mundo puede establecer sus 6 casualidades. Las de uno, cuando está enamorado, son las más inverosímiles y las que férreamente demuestran la intervención de una mano Poderosa. Un casamiento que no estaba por ir, un amigo que se queda dormido para festejar San Patricio, el ir solo a la fiesta, el que ella haya ido sola a la fiesta, en fin. Hasta que nos encontramos.
Es curioso como el amor se encuentra a la vuelta de la esquina. Luego de aquel casamiento, la salida siguiente, me entero que esta Sofía vivía a media cuadra de este Juan Carlos.
Y ahora resulta que nos casamos. Sí, a principios del año que viene. ¿Por qué? Y, porque sí, porque soy así, porque ella es así, porque nos gusta pensar la vida juntos.
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