Archive for the 'Personales' Category

Dinamismo lógico

En un momento debatían encarnizadamente si las personas de raza negra debían utilizar los mismos medios de transporte públicos que los de raza blanca. Hoy todos los usan.

En otra ocasión discutían si las mujeres debían o no votar. Hoy todas votan.

Luego, el debate nacional fue sobre la aprobación de la ley del divorcio. Hoy ya se divorciaron todos.

Ahora estamos discutiendo si los homosexuales deberían casarse o no. ¿comprenden?

Adquiramos cierta perspectiva.

Dos sensaciones: a) se me hace prehistórico este debate presente. b) quisiera creer que esta evolución nos lleva a un Hombre mejor.

¡No es nada!

Hace nueve años, durante una visita de los Clinton a Kenia, Godwin Kipkemoi Chepkurgo, un concejal keniata, pidió la mano de Chelsea Clinton asegurando que estaba dispuesto a dar 40 cabras y 20 vacas por la joven. Casi una década después, la secretaria de Estado estadounidense ha regresado al país africano y, de nuevo, Kipkemoi Chepkurgo se ha ofrecido para ser su yerno: “Mi oferta sigue en pie” señaló el concejal a un periodista de CNN.

La semana pasada estuve con Titi, mi mujer, en Marrakech y me ofrecieron 600 camellos por ella. También es cierto que entre Titi y aquella gringa no hay comparación… (No, lo pensé, pero ¿qué hago con 600 camellos en Barcelona?)

Nos determina lo que no somos

Algo pellizcó tu intelecto, lo sedujo, atrajo sólo una breve inclinación de tu conciencia hacia ello, un instante, rotundo pero fugaz. Y buscas que algo le dé significado, a eso, a lo que ahora resbala por tu cabeza y cae, vuelve a caer, en una nada mucho más agradable que el caos de lo real. Pero tu conciencia lo había apartado con un gesto indiferente; lo apartó de su foco porque ya lo conocía y sabía, claro que sabía de sobra, sabía qué significaba.  Y aquello que por un movimiento cósmico de Dios, o del hombre, acaso sea lo mismo, conectó contigo y llegó a tu mente, llegó a tu cabeza, a lo que eres, a lo que a cada instante eres y dejas de ser, llegó a tí y resbaló. Cayó como una gota de sangre fría por tu espalda tibia. Resbaló de tí, privándote de eso que nunca sabrás qué era. No sentiste cuando te golpeó la conciencia reclamándote sino cuando cayó. Y lo que sentiste no fue la cosa en sí misma sino su ausencia, más precisamente sentiste el agujero que a partir de aquel instante comenzaba a perpetuarse en tu precaria cabeza, en tu maltratado intelecto.

Y ya habías experimentado esta sensación. La habías experimentado cientos, miles de veces. Sabes de qué se trata. Entiendes por qué sucede; al menos eso crees. Pero no consigues, a la vez siguiente, evitarlo. Y vuelves a sentir la gota fría cayendo por tu espalda caliente. Intentas comprender y te castigas y te violentas y te gritas que no comprendes. Tal vez, reflexionas, tal vez aquello no era lo que creías que significaba cuando llegó a tí; quizás, aceptas, quizás eso no era lo que creías que era y era otra cosa, significaba algo distinto, algo que no habías imaginado y que ahora te resulta tan obvio, tan familiar, tan sencillo y diáfano. Y te interrumpe el ensordecedor ruido de la gota de sangre golpeando contra el suelo, desintegrándose, huérfana de tí, de tu realidad, de lo que sueñas, de lo que no serás, huérfana del Dios en el que crees, de las sonrisas que no sonreirás, de una serenidad que por hombre, por tan hombre, no experimentarás jamás. Te pliegas sobre el estómago y, exasperado, buscas en el suelo el rastro de aquello que no supiste asir con los mutilados brazos de tu mente; recorres la habitación en la que estás reconociendo con las manos, el olfato, la mirada, tu instinto y tu deseo, todo lo que te rodea, lo que alcanzas a percibir, intentando identificar aquello que te abandonó, no, no te abandonó, sino que tú rechazaste; y buscas desesperado en la habitación y chocas con tu infancia, con tu adolescencia, te golpeas la cabeza con tu padre y antes de caer te sujetas de tu madre; buscas entre recuerdos, entre miedos, debajo de esperanzas que de pronto te saben demasiado livianas, detrás de fantasmas que lloran y murmuran y ocultan y te apartan; entre escritos, besos, gritos, dolores, anhelos… No está, no la hallas, no la encontrarás.

La idea como forúnculo

Hay veces en las que un concepto, una idea, se adhiere a mi intelecto como una garrapata, un tumor o un forúnculo, y no me encuentro capaz de quitármela. Y mientras ese concepto, ese parásito, me habita, me siento un otro, enajenado. No peor ni mejor, no logro hacer esa discriminación: simplemente me reconozco como otro, la refracción de un alma distante e impalpable, como la de un siervo francés del siglo XIV que por las noches no logra dormirse; como el alma de un gondolero veneciano en el siglo XVI que teme a las orillas y daría su vida por seguir remando y remando, alejándose de las estrechez de los canales; como el alma de un pastor del siglo XVIII en duermevela, encerrado en los cerros jujeños.
Y poco a poco, día a día, esa idea va perdiendo vigor —o quizás es mi pánico, el susto que me provoca, la angustia que importa con su novedad, lo que va retrocediendo— y a rastras vuelvo a mí, de a poco, con precaución, tanteando a este que soy y que conozco, mediocre o no, pero desde el que puedo mirar hacia arriba.

Sincericidio

En la feria de las pulgas (ese lugar donde venden cosas que uno no necesita y está rodeado de gente que tampoco necesita) un señor toca el violín; adelante de él, su puestito con dos o tres violines:

- ¿Qué tal maestro, vende los violines? ¿Sí? ¿Cuánto cuestan?

- Y, tenés de $ 1.000 para arriba. Este que estoy tocando, que es un buen violín, cuesta unos $ 1.800

- Mire usted qué precios. ¿Y es difícil aprender?

- Mirá, foclore es fácil, folclore, ¿eh? (toca brevemente la “Cicharra cantora”) Ahora lo demás, es díficil. Muy difícil. Yo hace 20 años que toco y no puedo sacar la partitura esa que tengo ahí.

- Ahh, pero ¿muy difícil?

- Mirá querido. Acá tenés que ver primero que este palito no se mueva, y no sabés cómo se te mueve. Después le tenés que dar a la nota con los dedos de la mano izquierda y despúes tenés que saber darle a las cuerdas. La verdad que no te lo recomiendo.

- ¿Usted los hace?

- Si querido, yo los hago. 

- Gracias maestro.

- De nada querido, de nada.

Hábitos

Todos saben de mi admiración por la mujer que tengo al lado y que elegí para construir un pasado, presente y  futuro; soy capaz de dar la vida por ella, de renunciarlo todo. Ahora, el fin de semana me enteré que cada vez que empieza a leer un libro (novela), siempre,  lee primero la última página del mismo

Lo anterior me confirmó tres cosas:

1. que no existen modos absolutos para abordar y mucho menos comprender la realidad. 

2. que el amor no debe basarse en esos modos, o forma mentis, o paradigmas.

3. que más allá de esto y lo otro, mi esposa posee un hábito de lectura por demás extraño.

Nace una Idea

Los bloggers andan con ganas, así quedó claro en el último B&B y en los posteriores post que se escribieron desde distintas tribunas digitales. Y nosotros (Edu, Hernán y Rama) no podríamos ser menos y también andamos con ganas. Esas intenciones, que ya se están concretando en una idea, se remontan a mucho tiempo atrás, a los tiempos en los que  el estudio de las materias dejaban un descanso para soñar con proyectos.

La idea me gusta, no la voy a contar, pero ayer hicimos la primer reunión improvisada y escribo esto para presionarnos un poco más. No sé (no sabemos) cuando esto estará desarrollándose. Falta mucho y de todo.

Veremos qué sale; por ahora, a laburar.

Seguiremos informando…

De vuelta a casa.

Escribir con una sortija que resalta entre tantos dedos y teclas se siente diferente.

Ya volví/mos de nuestra luna de miel. Estuvimos por México; visitamos D. F. y después partimos hacia Playa del Carmen que está en la península de Yucatán. Un lugar soñado.

Cuando en 6to año te dicen “hoy comienzan una nueva etapa, llena de responsabilidades..:” uno está pensando más en la fiesta que en lo que verdad quieren decir esas palabras. Hoy, con unos años de más, tengo real conciencia de la etapa que empiezo/empezamos. Y estoy feliz.

La semana previa a la “fiesta” fue de mucho nerviosismo, cerrar, ir y venir. El día del casamiento fue increíble. El mejor día de mi vida. La luna de miel, como dije, soñada. Y hoy, el primer amanecer de la Familia Olivero Moyano fue una de las mejores cosas que me pasó.

Aprovecho este post para agradecerle infinitamente a mi amigo y hermano Mano que me quiere tanto que escribe cosas como estas y hasta escribió un post sobre fútbol, nunca antes hecho en este blog.

Estamos de vuelta, y seguiremos estando. En unos días colgaré algunas fotos para que vean (y envidien!)

Apología de Juanquillo

Resulta natural que uno tienda a admirar a Juanqui y sucumba ante la rotunda evidencia de su grandeza. Sería contraproducente comenzar a enumerar sus dones. Y me doy cuenta de que si quisiera hacerlo, no podría: lo más maravilloso que él posee es aquel ángel que se ríe a carcajadas desde su mirada cuando te mira. Es una vibración muy peculiar que se genera ante su presencia que te hace sentir bien, sereno, amado. Y aquella vibración es producto de la potencia que implosiona en su corazón, que no la puede sosegar e irrumpe hacia la realidad que lo rodea. Y no hay nada más maravilloso que formar parte de esa realidad.

En este momento, en este instante, Juanqui se está casando. Y desde este lado del mundo lo extraño. Percibo que me siente cerca; pero no estoy con él.

Y que se esté casando me lleva a ratificar mi admiración hacia él. Encuentro su decisión de casarse como una ostentación de cojones. Hoy en día -por tantas causas que huelga pronunciar-, ya nadie abre camino, nadie se apodera de un destino virgen. Se camina sobre huellas. En la actualidad el matrimonio está defenestrado, devaluado, y perdió cualquier autoridad o prestigio. Nos lo fundamenta la generación que está sobre nosotros. ¿A cuántos matrimonios conocen que sigan juntos después de una vida o que, siguiendo juntos, aún se amen, se respeten, busquen la felicidad y el crecimiento individual del cónyuge? Pocos, poquitos. Casarse hoy en día con 26 años es revolucionario. Más de uno lo debe haber prevenido o intentado disuadir, o al menos lanzarle algún comentario sobre la inconciencia que significa. Y es comprensible: ya nadie cree en el amor para toda la vida, el cortoplacismo fulminó los ideales. Y junto con los ideales, el romanticismo quedo obsoleto, abyecto. Es peligroso o arriesgado comprometerte a los 26 años para toda la vida a amar cada vez más a la misma persona y a perfeccionar siempre un poco más ese amor; a derramarlo a los hijos, a los amigos, a la familia…

Siempre es difícil y doloroso abrir camino, andar sólo por una senda nueva, un poco a contracorriente, enarbolando un sueño, un ideal, como pasaporte a una felicidad que se encuentra un poco más allá de la que se ve a la vuelta de la esquina.

Me consuela -al pensar que en este momento no estoy con él- imaginar que quizás no puedo estar diciéndole ésto al oído porque yo también me tuve que ir lejos buscando un ideal.

 

Reemplazo

Como alguno que lee esto seguido sabrá, me caso el sábado que viene. Durante la luna de miel, mi estimado Gerardo de Estambúl será el responsable de darle respiro a este blog.

Nos vemos a la vuelta.