Archive for the 'Alta Sabiduría' Category

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La nada

El mundo estalla en millones de segundos, como cristales en el aire, deshaciendo esta realidad tan gastada e infame y convirtiéndola en nada. En esa nada estoy yo. Todo se derrumba. Todo deja de ser. Mi mirada, desde mí, inventa, mejor dicho crea, todo lo que ve. Y lo único que alcanza a percibir es esta alma, este espíritu inquieto, desahuciado, anhelante, que me posee y me doblega. Todo se cae, hombre, nada sigue siendo. Que no te seduzca la irrealidad con la mentira de que tú no caíste. Estás en el abismo, cayendo, cayendo, cayendo, y lo que ves es lo que imaginas o deseas. Pero ya no existes. Nada de lo que eres, posees o crees vale nada. Eres fugacidad, delirio inconsciente en un sueño que nadie jamás recordará. La nada, ese vestido tan ceremonioso, te sienta demasiado bien. En él terminarás, lo sabes, lo sabes. La nada. Quizás ese sea tu nombre. La nada. Ahí estarás, eso serás, cuando te des cuenta de que toda esta realidad no es más que una fantasía, un absurdo montaje de un perturbado intelecto que lleva el sello de tu identidad. Nada.

Pero no te preocupes, allí estarás mejor.

Enfermizos

“No es una medida de salud estar bien  adaptado a una sociedad profundamente enferma”

J. Krishnamurti / Addendum

Humanidad Discursiva

“El mundo no es humano por el simple hecho de estar hecho por humanos, y no se vuelve humano por el simple hecho de que la voz humana resuene en él,  sino sólo cuando se ha convertido en objeto del discurso. (…) Sólo humanizamos lo que está sucediendo en el mundo y en nosotros cuando hablamos de ello, y es al hablar que aprendemos a ser humano.

A esta humanidad que se alcanza en el discurso de la amistad, los griegos la llamaban filantropía, “amor al hombre”, ya que manifiesta en sí misma la disposición de compartir el mundo con otros hombres”.

Hannah Arendt

Destellos

La sonrisa es la puerta de cualquier reconciliación.

A propósito de Obama

Creo que vale la pena (¡claro que sí, siempre vale la pena citarlo!) transcribir unas reflexiones de Eduardo Galeano, conocido y venerado por todos, sobre la asunción de Obama y sus responsabilidades. Hay planteos realmente interesantes.

“¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral? Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.

Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?

Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.

¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?

La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.

¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?

Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.

¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?

Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.

¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?

Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.

¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?

Me temo que sí, pero ojalá que no.

¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?

Me temo que no, pero ojalá que sí.

¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?

Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.”

Eduardo Galeano


El pueblo y sus costumbres

“Como el agua, gota a gota, va desgastando la piedra, de igual modo el paisaje modela a sus hombres, costumbre a costumbre. Un pueblo es, en último análisis, un repertorio de costumbres. El emerger momentáneo de un genio sirve tan solo para marcar su perfil.”

José Ortega y Gasset (Velázquez, Goya and the deshumanization of Art. Studio Vista. 1972)

Destellos

El hombre, creo yo, es capaz de grandes sublimaciones y grandes indecencias, puede ascender hasta semidiós y hundirse hasta semidemonio; pero después de realizar algo verdaderamente grande o cometer algo verdaderamente indecente vuelve a caer sobre sus propios pies y recobrar su medida, y al golpe pendular del salvajismo y de lo demoníaco le sigue inevitablemente el golpe de vuelta, el anhelo innato e inevitable del hombre por la medida y el orden.

Hermann Hesse

La playa y el mar

La playa, el mar, el atardercer, es un cuento que Dios le narra todos los días a sus nietos. Y es un cuento, no una pintura, Dios no es el Gran Paisajista, difiero tozudamente de esas posiciones que dicen “Dios es el  Perfecto Pintor”, Dios no sabe nada de pinturas.  

Si Dios fuera  pintor el mundo sería más bello, tendría aún más armonía y, por ejemplo, si de veras Dios fuera “El” Pintor o el Gran Paisajista no hubiese hecho un mundo en el que el 70% es agua. Un poco más de empeño hubiese puesto.

Es mejor para nosotros que Dios no sea el  Gran Pintor. Pero además la clave está en no dejarnos convencer de que Dios es un Pintor.  Hay cierto autoritarismo en esta concepción de que Dios pinta, demasiada subjetividad, excesiva pasividad de los objetos y sujetos pintados. Además, la pintura sí o sí tendrá sus intérpretes, sus sabios, que no asumirán que tiene sus subjetividades, sus paradojas. A fin de cuentas, un Dios Pintor es lo peor que nos puede pasar. 

En cambio, prefiero (y propongo)  la idea de que Dios crea relatos (que como dije se los narra a sus nietos) de los que somos rehénes: primero tratándolos de comprender y luego intentando ser coherentes con lo que vamos descubriendo. Esta visión es menos esperanzadora, pero más emancipadora, más real. Quizás encontremos enigmas por doquier, pero como dijo Wittgenstein, a veces es fundamental que haya cosas que se digan en tono de enigma. El decifrar el enigma está en nosotros, en cada uno. En la pintura somos una pincelada, un objeto, en los relatos somos sujetos de acción dotados de libertad.

Mi amigo Freud

Sigmund, para quien no lo sabía, fumaba una media de veinte cigarrillos por día. Era tal su adicción que no abandonó el vicio incluso después de que se le diagnosticara un cáncer. El psicoanalista, además, temía que los atentos lectores de su obra pudieran sospechar que detrás de esta debilidad se escondiera una suerte de símbolo fálico. Este miedo lo condujo a declarar que “en ocasiones, un cigarrillo es solo un cigarrillo”. Asímismo, el eminente doctor solía paliar los dolores crónicos que le provocaba la sinusitis mediante el consumo de cocaína.

Yo te banco, Sigmund. Dejemos que los ignorantes te ataquen y maltraten bombardeándote a prejuicios. Lo que pasa es que ellos aún no descubrieron sus paradojas. Es más, aún no comprendieron que el hombre, por definición, no es más que eso: una enorme paradoja. Y que eso del ejemplo está reservado únicamente para personas tan ejemplares como anormales, a saber, Jesús, los santos (y sólo algunos), Churchil, Maradona, Evita, y una vecina filipina que se llama Raquel.

Sobre el amor

Sobre el amor

“La mayoría de las cosas, aunque se pretexte que es por otros motivos, se hacen por las mujeres”

“La fantasía y la intuición no son más que formas del amor”

“Con el amor pasa lo mismo que con el arte: entre quien ama un poquito lo más grande y quien arde de amor ante lo más pequeño, es más pobre e inferior el primero”

“Si pudieramos hacer a alguien más alegre y feliz, deberíamos hacer en cualquier caso”

“La gente no paga gustosa con confianza y amor, prefiere pagar con dinero y mercancías”

“No hay nada que tenga menos éxito que meditar sobre la persona a quien amamos. Tales elucubraciones son como ciertas canciones de pueblo o de soldados en las que aparecen miles de cosas pero en las que el estribillo se repite tenazmente incluso donde no pega”

“Puede que sea cosa de grandes pensadores observar el mundo y despreciarlo. Pero a mí, lo único que me interesa es poder amar el mundo, poder observarlo a él, a mí y a todos los seres con amor, admiración y respeto”

Hermann Hesse. Lecturas para minutos 1. (Alianza editorial, 1975)