El problema del mundo no es el capitalismo, ni el socialismo, ni el leninismo, ni el nihilismo, ni el absurdo, ni el dramatismo, ni el expresionismo exacerbado, ni el minimalismo sintético.
El problema del mundo es la imbecilidad endémica de cierto tipo de ser humano que se caracteriza por la amplitud de su mirada: no va más allá de su ombligo.
Si señor: el problema del mundo es una cuestión de miradas.
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