Ahora resulta que los auriculares se dejaron de usar, y uno tiene que padecer esa taladrante música que sale de aparatos celulares ajenos (cada vez más potentes).
Ni hablar si el padecimiento se sufre a las 7am de la mañana y el aparato vomita ritmos de cumbias y letras al estilo “que levante la mano el que quiere vino en cartón”.
Y pensar que mi vieja me decía, cuando niño, “esos walkman te van a hacer idiota M´ijito”. Seguramente no sabía lo que vendría; y en la frase hay una salvedad: el walkman atesoraba la posibilidad; hoy quienes ejercen esta extraña afición de comunicar al Otro sus gustos musicales no corren el riesgo de convertirse en idiotas, ya lo son.
Mi hermano
Cuando te sentás siempre, quieras o no, siempre hay una nalga que queda ligeramente más elevada que la otra. Y ese es un indicio coyuntural para poder “ver” ciertos aspectos del alma de la persona sentada que de otra forma sería imposible observarlos. Decime: qué nalga tenés más elevada, ¿la izquierda o la derecha?
También hay otros indicios, muy interesantes, como por ejemplo si decís primero tu nombre y después el de tu chica o al revés, si juega Boca – River o River – boca, ¿la izquierda o la derecha? o ¿la derecha o la izquierda ?… etcétera… es muy interesante.
Si te interesa ampliar sobre este tema recomiendo el libro “Deducciones falaces sobre las intermitencias de lo constante. Refutación de lo ignorado: Cómo negar lo inexplorado. Sentencias y máximas sobre el arte de divagar.” por Gerardo de Estambul.
Es muy interesante

La terrible situación por la que estamos atravesando respecto a la falta de agua en nuestra querida provincia tiene un lado positivo: por primera vez en mucho tiempo (al menos que yo recuerde, es cierto que mis jóvenes 28 años no son parámetro de nada) vemos a los grandes medios ocuparse de un tema estructural.
Mientras en Buenos Aires discuten la “crispación social” que produce la falta de subtes, en Córdoba escuchamos a los periodistas decir que todo esto se hubiese evitado si se hubiesen tomado medidas a tiempo. Lástima que ellos y todos nosotros, porque seamos sinceros cuando llueva nos va a importar tres pitos el agua, pecamos del mismo mal: somos hijos del rigor, como decía mi profesora de biología en 1er año.
Pero no seamos malos, disfrutemos de esta territorialidad mediática. Sintámonos por un momento todos hermanos, abracémonos y lloremos. Regocijémonos al ver dos días seguidos en la “agenda pública” a intendentes de localidades cercanas, sintamos su pesar, su incapacidad. ¡Reconozcámoslos! ¡Reconozcámosnos!
Nos permitamos extrañar esas noticias lejanas que llegan de la Matanza, Tigre, Munro. Ya vendrán nuevamente.
Por ahora, más allá de la pena por la que atravesamos, la sequía es solo nuestra.
“El mayor fracaso del comunismo no fue la caída del muro, sino lo contrario; el mayor fracaso del comunismo fue su levantamiento”.
Ayer, en Canal 10.
El problema del mundo no es el capitalismo, ni el socialismo, ni el leninismo, ni el nihilismo, ni el absurdo, ni el dramatismo, ni el expresionismo exacerbado, ni el minimalismo sintético.
El problema del mundo es la imbecilidad endémica de cierto tipo de ser humano que se caracteriza por la amplitud de su mirada: no va más allá de su ombligo.
Si señor: el problema del mundo es una cuestión de miradas.
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