Monthly Archive for Agosto, 2009

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¡No es nada!

Hace nueve años, durante una visita de los Clinton a Kenia, Godwin Kipkemoi Chepkurgo, un concejal keniata, pidió la mano de Chelsea Clinton asegurando que estaba dispuesto a dar 40 cabras y 20 vacas por la joven. Casi una década después, la secretaria de Estado estadounidense ha regresado al país africano y, de nuevo, Kipkemoi Chepkurgo se ha ofrecido para ser su yerno: “Mi oferta sigue en pie” señaló el concejal a un periodista de CNN.

La semana pasada estuve con Titi, mi mujer, en Marrakech y me ofrecieron 600 camellos por ella. También es cierto que entre Titi y aquella gringa no hay comparación… (No, lo pensé, pero ¿qué hago con 600 camellos en Barcelona?)

El vino y las mujeres

Es opinión bastante generalizada que un par de copas rebajan las inhibiciones y mejoran las relaciones sexuales. Pues bien, esa opinión acaba de recibir un impecable respaldo científico, al menos en lo relativo a las mujeres, por parte de –cómo no– una universidad italiana, la de Florencia, que ha demostrado que las mujeres que beben un poco de vino a diario disfrutan más del sexo que las que no beben.

Prédica de un infeliz II

“Ahuyentar el aburrimiento de cualquier manera: esto es vulgar, como el trabajo sin placer es vulgar.”

“Hay una inocencia en la admiración. Y es la del hombre que no contempla la posibilidad de que también él podrá ser admirado algún día.”

“El aspecto del mundo sólo nos es soportable cuando le vemos a través del humo del fuego de pasiones agradables, unas veces oculto como un objeto de adivinación, otras empequeñecido y abreviado, otras indistinto, pero siempre ennoblecido. Sin nuestros afectos, el mundo es número y línea, ley y absurdo; en todo caso la paradoja más repulsiva y pretenciosa.”

“Lo que se llama “libre albedrío” es esencialmente la conciencia de la superioridad frente al que debe obedecer.”

“En los hijos de los grandes genios estalla la locura; en los de los grandes virtuosos la idiotez, observa Aristóteles. ¿Quería de este modo invitar a los hombres excepcionales al matrimonio?”

“Hay que tomar las cosas con más alegría de la que merecen, sobre todo porque las hemos tomado en serio más largo tiempo del que merecían.”

“No hay que hablar de los amigos; de lo contrario, se hace traición con las palabras al sentimiento de la amistad.”

“Una mujer que comprende que dificulta el vuelo de su marido debe separarse de él, ¿por qué no se oye hablar de este acto de amor?”

“No debería estar permitido, cuando se está enamorado, tornar una decisión sobre su vida, y fijar de una vez para siempre, a causa de un capricho violento, el carácter de su sociedad; se debería declarar públicamente nulos los juramentos de los enamorados y negarse a casarlos, y esto porque se debía dar al matrimonio una importancia mucho más grande, de suerte que en los casos en que se realiza hoy no se realizase. La mayor parte de los matrimonios, ¿no son de tal clase que no se desea tener por testigo a un tercero? Y este tercero no falta nunca -es el niño-; es más que el testigo: ¡es el cabeza de turco!”

“Es muy difícil vivir entre los hombres, porque es muy difícil guardar silencio.”

“El sentido de la pena no es intimidar, sino colocar a alguien en un puesto inferior de la organización social.”

Friedrich Nietzsche

Música censurada

El COMFER hizo pública una lista de temas musicales prohibidos durante la dictadura militar. Muchos de ellos son desconcertantes: ¿qué habrá pensado el patético burócrata encargado de nutrir esta lista al seleccionar una chacarera santiagueña o una canción de amor de Perales? No lo sé, quizás nadie lo sepa. Talz vez estemos frente a uno más de esos inextricables enigmas en que nos sumió la dictadura.

Entre los autores censurados están: John Lennon, Eric Clapton, Rod Stewart, Pink Floyd, Queen, Joan Manuel Serrat, José Luis Perales, Horacio Guarany, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Sandro León Gieco, Alfredo Zitarrosa, Hernán Figueroa Reyes, Cacho Castaña, Palito Ortega, María Elena Walsh…

Protesta literaria

1953. Ray Bradbury publica Fahrenheit 451, esa famosa novela distópica, genialmente titulada (en referencia a la temperatura a la que arde el papel), que describe una sociedad en la que los bomberos, en lugar de apagar incendios, queman libros, porque el gobierno los considera perjudiciales. Poco podía imaginarse Bradbury que, tal vez, las funciones de autor y bombero, algún día, pudiesen confluir en una misma persona.

2009. Lo difícilmente imaginable, sucedió en mayo. O pudo haber ocurrido, de no ser por la rápida reacción de algunas distribuidoras lo evitaron… echando mano de sus billeteras.

Pero Kvesic publicó La introducción a P. Kvesic en 1975, y entonces fue un éxito. Los ejemplares él mismo puso en riesgo de acabar incinerados eran de ese mismo título, concretamente de la cuarta edición. Para luchar «contra la anemia cultural» se le ocurrió la excéntrica idea de anunciar que quemaría todos los ejemplares que no se vendieran delante de una librería de Zagreb, Croacia.

Hubo emoción hasta el último momento, pero salió bien. Mientras Kvesic preparaba la hoguera, quedaban todavía 425 ejemplares sin comprador, pero las llamas no llegaron a tocar ni una sola letra: enseguida se supo que dos distribuidoras habían comprado los libros y que acabarían en manos de un grupo de lectores, movidos probablemente por la curiosidad.

Así terminó el «acto de protesta contra la posición del escritor en el mundo de la edición de hoy» promovido por Kvesic, que había preparado expresamente esta edición especial de su libro, sin mediación de casas editoras.

(tomado de Actualidad Literaria)