En Argentina no es habitual escuchar la palabra “Estado” como un colectivo que agrupa a personas dentro de un territorio que posee una entidad trascendente. Habitualmente escuchamos un colectivo menor, intrascendente, pasajero y exclusivo: “el Gobierno”. Este error termina perjudicando las políticas que ejecutan (cortoplacistas) y favorece el “gataflorismo” generalizado de la sociedad, que a la menor desavenencia quiere cambiar el Gobierno.
Y si de colectivos hablamos, pensar ese que han construido hace poco, “el campo” da para una tesis. Qué es “el campo”, quiénes son “el campo”. Desde “el Gobierno” se intentó instalar “la patronal agropecuaria” pero no dio resultado. “El campo” puede incluir hasta mi vecino y sus caniches torturantes, todo el mundo está invitado. “El campo” sos vos que comés carne, decían. Yo soy “campo” en la misma medida que soy “tabaquelero”, “gasista” o “plomero”.
Como decía mi querido Ludwig: “Estamos en lucha con el lenguaje; estamos en lucha por el lenguaje” O como dijo mi querido Mano: Todo se reduce a una palabra: palabra.
Lo que sucede es que en la Argentina, los gobiernos suelen ser mucho más poderosos, omnipotentes, que el mismo Estado.
Si, porque nosotros los dejamos ser así. Pensamos en un Gobierno, no en un Estado. Cuando votamos, generalmente, les estamos dando un cheque en blanco porque no evaluamos sus políticas, solo nos dejamos convencer por una serie de estategias.