La verdad, el concepto “verdad”, como diría mi querido Bauman, es una idea que nace de la oposición, del diálogo, de la discusión: esto que para vos es verdad, para mí no lo es. De no existir esa oposición la idea de “verdad” o “mentira”, nunca se hubiera dado.
Por lo tanto, más que un concepto totalizador (o todo es verdad, o nada lo es), la verdad es una construcción humana, no en el sentido relativista, sino dialoguista: a través del discurso la humanidad discute la verdad. Ante la razón última, lo que verdaderamente sea cada cosa, existen dos posturas: o el descreimiento de que exista tal cosa, o bien que sólo Dios lo sabe.
Es interesante esta idea, que retoma aquella cita de Hanna Arendt que ya publicamos en este blog:
“El mundo no es humano por el simple hecho de estar hecho por humanos, y no se vuelve humano por el simple hecho de que la voz humana resuene en él, sino sólo cuando se ha convertido en objeto del discurso. (…) Sólo humanizamos lo que está sucediendo en el mundo y en nosotros cuando hablamos de ello, y es al hablar que aprendemos a ser humano.”
Muy bueno, Juanqui. Muy interesante. Si en el contrapunto de discursos se concibe la verdad, ¡cuánto deberíamos mejorar nuestra dialéctica, nuestra oratoria, nuestro vocabulario, nuestra cultura…!
Pero… Entonces cuando el sujeto 1 propone una idea, y el segundo acepta esa idea. No es verdad?
Sin oposición no hay verdad. Me gusta.
Como lo veo, la verdad está en la interacción de los dos sujetos, en ese intercambio, en esa discusión. El resultado, la afirmación que tenga más Poder y en consecuencia sea aceptada, será gracias al diálogo, a la interacción.
Por esto es importante que cada sujeto esté en condiciones de igualdad y libertad. Sino, siempre se tratará de sumisión.