Nos determina lo que no somos

Algo pellizcó tu intelecto, lo sedujo, atrajo sólo una breve inclinación de tu conciencia hacia ello, un instante, rotundo pero fugaz. Y buscas que algo le dé significado, a eso, a lo que ahora resbala por tu cabeza y cae, vuelve a caer, en una nada mucho más agradable que el caos de lo real. Pero tu conciencia lo había apartado con un gesto indiferente; lo apartó de su foco porque ya lo conocía y sabía, claro que sabía de sobra, sabía qué significaba.  Y aquello que por un movimiento cósmico de Dios, o del hombre, acaso sea lo mismo, conectó contigo y llegó a tu mente, llegó a tu cabeza, a lo que eres, a lo que a cada instante eres y dejas de ser, llegó a tí y resbaló. Cayó como una gota de sangre fría por tu espalda tibia. Resbaló de tí, privándote de eso que nunca sabrás qué era. No sentiste cuando te golpeó la conciencia reclamándote sino cuando cayó. Y lo que sentiste no fue la cosa en sí misma sino su ausencia, más precisamente sentiste el agujero que a partir de aquel instante comenzaba a perpetuarse en tu precaria cabeza, en tu maltratado intelecto.

Y ya habías experimentado esta sensación. La habías experimentado cientos, miles de veces. Sabes de qué se trata. Entiendes por qué sucede; al menos eso crees. Pero no consigues, a la vez siguiente, evitarlo. Y vuelves a sentir la gota fría cayendo por tu espalda caliente. Intentas comprender y te castigas y te violentas y te gritas que no comprendes. Tal vez, reflexionas, tal vez aquello no era lo que creías que significaba cuando llegó a tí; quizás, aceptas, quizás eso no era lo que creías que era y era otra cosa, significaba algo distinto, algo que no habías imaginado y que ahora te resulta tan obvio, tan familiar, tan sencillo y diáfano. Y te interrumpe el ensordecedor ruido de la gota de sangre golpeando contra el suelo, desintegrándose, huérfana de tí, de tu realidad, de lo que sueñas, de lo que no serás, huérfana del Dios en el que crees, de las sonrisas que no sonreirás, de una serenidad que por hombre, por tan hombre, no experimentarás jamás. Te pliegas sobre el estómago y, exasperado, buscas en el suelo el rastro de aquello que no supiste asir con los mutilados brazos de tu mente; recorres la habitación en la que estás reconociendo con las manos, el olfato, la mirada, tu instinto y tu deseo, todo lo que te rodea, lo que alcanzas a percibir, intentando identificar aquello que te abandonó, no, no te abandonó, sino que tú rechazaste; y buscas desesperado en la habitación y chocas con tu infancia, con tu adolescencia, te golpeas la cabeza con tu padre y antes de caer te sujetas de tu madre; buscas entre recuerdos, entre miedos, debajo de esperanzas que de pronto te saben demasiado livianas, detrás de fantasmas que lloran y murmuran y ocultan y te apartan; entre escritos, besos, gritos, dolores, anhelos… No está, no la hallas, no la encontrarás.

1 Response to “Nos determina lo que no somos”


  • VIVO EN TARIJA,BOLIVIA Y PENSABA IR DE VISITA A CORDOBA Y DE PASO RENOVAR MI PASAPORTE, JAJAJA, CON LO QUE LEO DE LAS DEMORAS, SERA MEJOR TRAMITARLO AQUI QUE ME LO ENTREGAN AL OTRO DIA, OBVIO TENIENDO CERTIFICADO DE ANTECEDENTES DE ARGENTINA. PARA LOS DEL NORTE, LES CONVIENE VENIR AQUI !!!!!

Leave a Reply

Acceder con Facebook