Igual, hay veces que una linotipia no entra por la puerta. Y qué te queda hacer? Qué podes augurar con los brazos extendidos apoyando las manos en el marco de esa puerta lo suficientemente estrecha como para que vos puedas medir tu tamaño. Pero la linotipia no pasa, no entra, y te das vuelta, no la querés mirar más, ya no. Te alejas unos pasos pero te detienes, te detienes porque sabes que huir de una linotipia es absurdo, es estúpido. Pero toda esta situación, piensas, toda esta situación también lo es: estúpida y absurda. Y giras y la recorres minuciosamente con tus ojos, intentas palpar cada detalle, cada rayadura, los distintos tonos verdosos y el gris de allí y el negro de aquí; la miras, te agachas, la miras, te duela la rodilla, la miras, con tu mano sobre ella. Levantas el rostro y observas la puerta. Buscas cada centímetro del marco con tus ojos, intentando ensancharla. Miras la pared de alrededor, el color blancusco y cochambroso. Sigues mirando hacia arriba, los tres pisos del edificio, y llegas al cielo, y te cuelgas de las alturas. Pero como dos yunques pesan tus ojos, dos yunques que como un imán se posan sobre la linotipia. Y allí está, sentada sobre el suelo, como desentendida de quién es, de lo que sucede. No te mira: no le hace falta porque no le importas. No le importas. Y sientes estremecerse tu nuca y un escalofrío chorrea como sangre por tu espinazo. Te pones de pie, violentamente, con la vehemencia de una convicción radical. Pero no alcanzas a saber de qué te has convencido. No lo sabes. Sujetas la linotipia por los costados, la alzas, das dos, tres, siete pasos para atrás. Mirás la puerta, la miras decidido, confiado, con naturalidad. Y corres hacia ella, sosteniendo a duras penas la linotipia en tu regazo, y al llegar a la puerta chocas contra el marco y caes de espaldas con la linotipia sobre tí, lastimándote, ultrajándote. Sabés que no, que no lo harás. Y te quedas allí, desencajado de tu realidad, con la maquina sobre tí. La noche, el día, qué más da, si estás allí, si sabes que no lo harás, que no, que no.
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En este blog escribimos sobre todo lo que se nos ocurre o consideremos (bajo nuestra más susceptible percepción) oportuno publicar.
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