Monthly Archive for Marzo, 2009

Nos determina lo que no somos

Algo pellizcó tu intelecto, lo sedujo, atrajo sólo una breve inclinación de tu conciencia hacia ello, un instante, rotundo pero fugaz. Y buscas que algo le dé significado, a eso, a lo que ahora resbala por tu cabeza y cae, vuelve a caer, en una nada mucho más agradable que el caos de lo real. Pero tu conciencia lo había apartado con un gesto indiferente; lo apartó de su foco porque ya lo conocía y sabía, claro que sabía de sobra, sabía qué significaba.  Y aquello que por un movimiento cósmico de Dios, o del hombre, acaso sea lo mismo, conectó contigo y llegó a tu mente, llegó a tu cabeza, a lo que eres, a lo que a cada instante eres y dejas de ser, llegó a tí y resbaló. Cayó como una gota de sangre fría por tu espalda tibia. Resbaló de tí, privándote de eso que nunca sabrás qué era. No sentiste cuando te golpeó la conciencia reclamándote sino cuando cayó. Y lo que sentiste no fue la cosa en sí misma sino su ausencia, más precisamente sentiste el agujero que a partir de aquel instante comenzaba a perpetuarse en tu precaria cabeza, en tu maltratado intelecto.

Y ya habías experimentado esta sensación. La habías experimentado cientos, miles de veces. Sabes de qué se trata. Entiendes por qué sucede; al menos eso crees. Pero no consigues, a la vez siguiente, evitarlo. Y vuelves a sentir la gota fría cayendo por tu espalda caliente. Intentas comprender y te castigas y te violentas y te gritas que no comprendes. Tal vez, reflexionas, tal vez aquello no era lo que creías que significaba cuando llegó a tí; quizás, aceptas, quizás eso no era lo que creías que era y era otra cosa, significaba algo distinto, algo que no habías imaginado y que ahora te resulta tan obvio, tan familiar, tan sencillo y diáfano. Y te interrumpe el ensordecedor ruido de la gota de sangre golpeando contra el suelo, desintegrándose, huérfana de tí, de tu realidad, de lo que sueñas, de lo que no serás, huérfana del Dios en el que crees, de las sonrisas que no sonreirás, de una serenidad que por hombre, por tan hombre, no experimentarás jamás. Te pliegas sobre el estómago y, exasperado, buscas en el suelo el rastro de aquello que no supiste asir con los mutilados brazos de tu mente; recorres la habitación en la que estás reconociendo con las manos, el olfato, la mirada, tu instinto y tu deseo, todo lo que te rodea, lo que alcanzas a percibir, intentando identificar aquello que te abandonó, no, no te abandonó, sino que tú rechazaste; y buscas desesperado en la habitación y chocas con tu infancia, con tu adolescencia, te golpeas la cabeza con tu padre y antes de caer te sujetas de tu madre; buscas entre recuerdos, entre miedos, debajo de esperanzas que de pronto te saben demasiado livianas, detrás de fantasmas que lloran y murmuran y ocultan y te apartan; entre escritos, besos, gritos, dolores, anhelos… No está, no la hallas, no la encontrarás.

Crisis IV

En una estación de gas:

- Mirá esa 4×4 cargando gas. Qué desperdicio.

- Sí, la clase alta se nos viene encima.

En el país de los sordos

Al Gobierno se lo acusa, generalmente, de no propiciar el diálogo, la comunicación, la negociación. Pero el problema es estructural, no de un cerrado círculo partidario.  Nadie escucha a nadie. No hay voluntad comunicativa. Somos energúmenos en disputa por el grito más fuerte.

Los empelados gritan sus reclamos, el empresariado grita sus excusas. El “campo” violenta las rutas, el “gobierno” se tapa las orejas, cierra fuerte los ojos y como infantil de 8 años vomita alaridos.  No nos vemos, no nos escuchamos, no hay nada en común, somos todos un grito que cae al vacío, a la nada.  La realidad es tan vertiginosa que marea y tan estruendosa que aturde. 

La política debería buscar su sustento en el amor, como lo imaginaron los Humanistas del siglo XVI. Se los podrá acusar de ingenuos, pero no de cobardes, al menos tuvieron el valor de soñarlo.

Book scraper

El Book scraper es una de esas interesantísimas herramientas que van surgiendo pero a la que uno jamás le encuentra una utilidad concreta.

Este programa, creado por The Times, permite explorar el vocabulario de cientos de libros y autores. Entonces, por ejemplo, se puede explorar por autor y descubrir que el vocabulario de Shakespeare rondaba las 24.000 palabras; se puede buscar por palabra y ver que, por ejemplo, la palabra Argentina aparece 4 veces en El Conde de Montecristo, de Alexandre Dumas.

También se puede comparar el vocabulario entre dos libros. Por ejemplo, vemos que en Ana Karenina se utiliza el 43% del vocabulario que se utiliza en Moby Dick, sin embargo, Ana Karenina tiene más de 351.000 palabras mientras que Moby Dick tiene 215.000. Nos indica también que la palabra más larga que aparece en la novela de Tolstoi (de 19 letras) es straightforwardness; mientras que en la de Melville (de 20 letras) es uninterpenetratingly.

En fin, es una de esas cosas interesantes pero que no dejan de ser una pérdida de tiempo.

Honorarios

¿No suena raro que algo tan profundamente humano como el honor se haya convertido en una cantidad específica de dinero? No se discute aquí la monetarización del trabajo, tampoco la justa paga ante servicios prestados, sino la práctica del lenguaje para referir a una actividad remunerada: honorarios.

Sobre el acto de escribir

Hurgando en viejos papeles (aunque ya no son “viejos papeles”, ni “cajones olvidados” ni un “baúl en el desván”, sino carpetas olvidadas en el disco extraíble, un documento perdido en la carpeta de música, etc) encontré un extracto del famoso texto de Borges sobre el acto de escribir. Aquí va.

“Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí eso es una solución personal mía, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo si se trata de un cuento porteño, lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: “No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión.” 
    El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula por fantástica que sea crea, por el momento, en la realidad de la fábula.”

El Espíritu Santo

chamatropulos

Para que se entienda, en San Isidro gobernaron:

Melchor Posse, Padre.

Gustavo Posse, Hijo.

De allí el slogan de este señor. 

Buenísimo.

¡Gracias Lau!

Inseguridad

Inseguridad política

Inseguridad política

Fuente: Paper Papers

Crisis III

“No se trata de cambiar de collar, sino de dejar de ser perro”.

Algo así parece que decía el Gral. Perón.

La era de los ismos

La vertiginosa realidad mediática produce una excesiva exageración de las cosas. Por ejemplo, la utilización desdemedida de los “ismos” con los cuales se intenta polarizar las visiones. 

Lo curioso son los términos que se acuñan, sobre todo en política: menemismo, mestrismo, juecismo, giacominismo, kirchnerismo y el ahora célebre poskirchnerismo. Imagino a los grandes ismos (como liberalismo, comunismo, socialismo) avergonzados, con las dos manos tapándose la cara, llorando. Pobrecitos, me dan mucha pena.