Rodrigo

Rodrigo siempre fue un poco rellenito y se cansó que desde niño lo molestaran llamándolo “Rodrigo, cara de higo” y, por eso, sin poder apartarse de las rimas que lo definieron, entregó su vida al negocio de los abrigos. Con el tiempo llegó a poner su propio local en la calle Florida. Él, que siempre fue tan solitario, a golpe de rechazos, terminó, gracias a una ironía de la vida, en medio de la calle más transitada del país. A veces, a decir verdad sólo sucedió una vez, cuando un cliente lo saluda a través del escaparate responde al saludo con un violento manotazo en el aire, que más que saludar parece que quisiera alejarlo, alejarse, protegerse de la amenaza del otro. Y se desconcierta. Busca su imagen en el reflejo del ventanal y no se reconoce en ella. Siente que se desdibuja en la multiplicidad de rostros que desde la calle se entremezclan con su imagen, emborronándola, y se siente vulnerable, como un secreto violado, como un niño desahuciado.

0 Responses to “Rodrigo”


  • No Comments

Leave a Reply

Acceder con Facebook