Sincericidio

En la feria de las pulgas (ese lugar donde venden cosas que uno no necesita y está rodeado de gente que tampoco necesita) un señor toca el violín; adelante de él, su puestito con dos o tres violines:

- ¿Qué tal maestro, vende los violines? ¿Sí? ¿Cuánto cuestan?

- Y, tenés de $ 1.000 para arriba. Este que estoy tocando, que es un buen violín, cuesta unos $ 1.800

- Mire usted qué precios. ¿Y es difícil aprender?

- Mirá, foclore es fácil, folclore, ¿eh? (toca brevemente la “Cicharra cantora”) Ahora lo demás, es díficil. Muy difícil. Yo hace 20 años que toco y no puedo sacar la partitura esa que tengo ahí.

- Ahh, pero ¿muy difícil?

- Mirá querido. Acá tenés que ver primero que este palito no se mueva, y no sabés cómo se te mueve. Después le tenés que dar a la nota con los dedos de la mano izquierda y despúes tenés que saber darle a las cuerdas. La verdad que no te lo recomiendo.

- ¿Usted los hace?

- Si querido, yo los hago. 

- Gracias maestro.

- De nada querido, de nada.

4 Responses to “Sincericidio”


  • Pienso que este señor pasa tanto tiempo confeccionando sus violines que se genera una relación “luthier-instrumento” muy fuerte e íntima durante el proceso de contrucción. Cuando ya lo ha terminado siente que ha dejado parte de su ser en él y ya no puede separarse. Me imagino a este señor volviendo por la Belgrano a su casa, hablandole a sus violines de esta manera: “Tuvimos suerte hoy muchachos, nadie quiso comprarlos. Me costó disuadir a un muchacho de barba y anteojos, parecía entusiasmado!”

  • Jajajaja. Me encantó la idea de un tipo enamorado de sus instrumentos y el planteo “comer o amar”.

    Igual. Un maestro.

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