Por Mano – (como ya se dijo, una sucursal del corazón de este autor en otro cuerpo)
Una de las cuestiones que diferencian a los hombres entre sí es el grado de dependencia que tienen hacia su cuerpo. Todo ser humano es tal por poseer un espíritu encerrado en un cuerpo que, dado su diseño, lo diferencia del resto. Pero hay personas que, por una u otra razón, dependen más de la carne que las otras. Aquellos espíritus más independientes son, según mi opinión, los que alcanzan horizontes más diáfanos, más lejanos.
Una de las dependencias fuertes más comunes es la pereza: el cuerpo exige sosiego, detención, pasividad. El espíritu, anclado en la carne, no puede otra cosa que limitarse a lo que su anfitrión -el cuerpo- le permita realizar. Otra de las dependencias es la del dolor físico: hay personas más susceptibles al dolor que otras. El dolor aniquila el intelecto y siembra autocompasión. Cuando el cuerpo se queja, porque duele, el espíritu encuentra otras limitaciones que le impiden volar o divagar a su gusto. Otra dependencia es la superdependencia del cuerpo, por ejemplo, aquella que se da en algunos deportistas que viven para él, que todo lo que circula por su intelecto gira en torno a la carne, su propia carne. Otra de las grandes dependencias corporales es la vanidad: el orgullo por el propio diseño. Se ocupa una gran cantidad de tiempo en su mantenimiento y restauración, en la satisfacción de poseer una estampa soberbia, y las consiguientes reflexiones que, lejos de cultivar el intelecto, lo deterioran, como por ejemplo las hipotéticas deducciones de lo que pensarán sobre uno las personas que lo rodean, las mujeres u hombres con los que se relaciona.
La lista podría seguir pero pienso que la cuestión está clara y que es suficiente lo dicho al respecto. Ahora bien, ¿qué consecuencias podríamos sacar de esta reflexión? Póngase, usted lector, a observar personas que conozca, algunas exitosas; otras, no; aquellas emprendedoras, aquellas deportistas, aquellas de una inteligencia prodigiosa, aquellas de un cultivo intelectual nulo, observe y ponga a prueba esta reflexión. Luego, el propio examen será inminente.
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