Hace unos años, cuando todavía no era del todo yo, escribí esto que les voy a mostrar. No es para refritarlo pero Santela me lo recordó e, imperiosamente, me ordenó que lo posteara.
Desde que leí un cuento de Cortázar, que no recuerdo el nombre, en el que dice algo así como “acarició la palabra comunicación y la devolvió al texto” siempre me gustó pensar que las palabras tuvieran voluntad propia. Esto salió como vino y no supuso ningún tipo de edición, o postrera reflexión. Como dijo en su momento mi gran amigo Mano “esto es algo fatuo, estéril, vacuo, y sin ningún tipo de relación con lo que uno pensó a la hora de sentarse a escribir”. Quedan debidamente advertidos. Pues, aquí el texto:
Simplemente una revelación:
Hoy escribí la palabra “Telefono!”. La miré y sentí que me miraba, era una cara! Tiene forma de cara intimidadora, esas dos “o”!, por Dios!, por poco me muero del susto y casi le digo todo lo que sé. Pero no, me sopobrepuse y pensé racionalente: No le tengo que decir nada, mirá si despues le cuenta a “Mensaje” y todo el mundo se entera.
Con las palabras hay que tener mucho cuidado. No vaya que, creyéndose Herederas de nuestra Racionalidad, tomen las palabras mas agresivas como armas y comiencen su Revolución. La Revolución de las Palabras. Sería un caos. Un caos caótico. “Protón” sería su jefe máximo; “Cuaderno”, “Sótano” y “Sifón” formarían parte del Estado Mayor. Sería apocalíptico. Lo racional de una palabra, que se define por su convencionalidad, por su órden lógico y por su sentido, sería cosa del pasado . “Protón” promulgaría antileyes, alteraría conceptos, y tomaría rehenes a palabras como “Alfil”, “Sinfonía”, “Ventana” y “Cielo” seguramente contrarias a su régimen.
Como dije, con las palabras hay que tener mucho cuidado. No vaya que a uno lo asalten y le hagan a uno escribir necedades.
Simplemente, sublime
Se vemo
me recordo viejas epocas de revelaciones
jaja a mi también. Pasa que Santela es un romántico melancólico. Si yo mostrara a Gerardo! Qué épocas!
Las palabras nos pueden hacer escribir necedades. Pero muchas veces, también, nos hacen escribir necesidades. Por eso, precisamente, vale la pena arriesgarse a escribirlas.
Revolución es una palabra aguda, en más de un sentido. Quizás, tendríamos que perderle el miedo, que es grave.
Original vómito palabrístico.
Gracias Hernán por tus palabras. Eso de “vale la pena arriesgarse a escribirlas” me vino como-anillo-al-dedo puesto que estaba preguntándome sobre el sentido de todo esto.
Un abrazo.
qué temática recurrente en los aficionados al uso de la lengua no? Somos concientes del poder que tiene, le tenemos respeto y usamos la cautela antes de emitirlas, a veces con más rapidez que otras, pero es como ese refrán que dice: ” Donde pone el ojo pone la bala”.
Al margen de la acotada reflexión. El texto me hizo recordar un ejercicio que una vez nos dió un profe de publicidad que tuve, en el que había que armar un texto con rítmo y utilizar palabras según categorías como crocante, sedoza y humeante…